SEGUNDA TEMPORADA
"EL TUPARRO"
CAPITULO 1. La revista
Aún conservo la revista de la aerolínea SAM edición 182 del año 1.999; está amarilla, quebradiza, huele a papel viejo y a
promesa aplazada. No la guardé por nostalgia. La guardé porque las fotografías
mostraban un lugar deliciosamente hermoso, la guardé porque me prometí a mí
misma conocer ese lugar. Fue lo primero que me mintió con belleza y también con
una verdad a medias.
Las fotografías de ese lugar, aparecían en esa revista de
la aerolínea SAM que ya no existe, como aparecen las cosas que parecen intactas:
lejanas, silenciosas, casi irreales. Ríos inmensos, sabanas abiertas, selva
espesa. Un territorio tan hermoso como inaccesible. No porque no se quisiera
llegar, sino porque no se podía.
5 Años después llegué allí sin épica ni romanticismo; como si la energía que había puesto en guardar la revista, prometiéndome ir algún día se hiciera realidad por el simple azar de la vida o porque realmente atraemos lo que queremos con la mente. Llegué allí no como viajera ni como científica. Llegué como educadora ambiental a una casa perdida en la mitad de la sabana sin escapatoria, llegué a un lugar donde enviaban a los que nadie sabía cómo corregir, a los que se miran con indiferencia, a los olvidados, a esos niños que nacieron y vivieron en las calles de las principales ciudades de Colombia. Llegué al borde de un país lleno de tragedias humanas en medio de la mas inexplicable hermosura de la naturaleza.
El Tuparro no era solo sabana, tepuyes, ríos o selva, también era frontera. Era control invisible. Era presencia armada sin nombre en las conversaciones. Era un lugar donde la vida se cuidaba… y se vigilaba.
Allí aprendí que la violencia no siempre se anuncia. A veces
se administra. Se organiza. Se normaliza. Se justifica en nombre del orden, de
la corrección o de la supervivencia.
Es un relato sobre mirar de frente lo que preferimos
llamar monstruos, y descubrir —con una incomodidad difícil de digerir— que esos monstruos que preferimos evitar, recuerdan, cuidan, sangran y aman.
Cada historia que sigue puede leerse sola; Eso creerás.
Pero todas forman una sola cosa: el mapa de un territorio donde la naturaleza estaba protegida por la guerra, y las personas no.
Si en algún momento sientes rabia, miedo o rechazo, no dejes de leer estos relatos. Es precisamente ahí donde esta historia comienza a cobrar sentido, porque esta vez quiero contarte lo que me enseñó El Tuparro.
Esto es una historia real, son relatos que he vivido en una
casa en la mitad de la sabana llamada "Tambora" que buscaba la rehabilitación de niños y jóvenes habitantes
de calle, pertenecían a un programa social de la alcaldía de Bogotá llamado IDIPRON, dirigido por el padre Javier de Nicoló, El protagonista principal de estas historias.
Quiere saber más….siga a la Guata del Pauto es su segunda temporada!!!
Próxima entrada: TAMBORA
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